Mi nombre es Alfredo Oliú. Tengo 53 años, y desde hace 22 que estoy casado con mi mujer Gabriela. Tengo dos hijos: Juan Manuel y Nicolás. Juntos, como la mayoría de familias uruguayas, hemos vivido tiempos de calma y tiempos de zozobra. Pero lejos de quejarme, considero que la vida ha sido generosa conmigo y mi familia.
Soy abogado, Prof. de Derecho Constitucional y Gerente de un Banco Estatal. Puedo vivir de ello en mi país cosa que ya me convierte en un afortunado.
Nací en un hogar blanco y Herrerista (1958) y tuve el privilegio de ver nacer al Movimiento “Por la Patria” que dirigía Wilson Ferreira Aldunate. Padecí como todos los uruguayos la dictadura y con ella la discriminación y persecución política.
Los primeros recuerdos políticos que tengo rondan la época del segundo gobierno colegiado del Partido Nacional. Pero la primera campaña política de la cual participé, fue en 1971 con 13 años de edad. Allí aprendí a querer a mi Partido y mi País, que decir una cosa es decir la otra. En 1973, con quince años, vi como caía la democracia de mi país. Vi a mis hermanos jugándose la vida en actos de auténtica resistencia al totalitarismo. Sufrí, como muchos uruguayos, la persecución contra mi padre quien luego de batallar duramente, muere en 1983 con el sueño intacto de un Uruguay Democrático sin Exclusiones. Lema bajo el cual se cobijaron todos los orientales en el famoso acto del Obelisco en noviembre de 1983.
Sentí, como siento ahora, el imperioso deber de trabajar y poner mi mejor esfuerzo para evitar que en nuestro país, nunca más se repita un gobierno totalitario. Por eso elegí mi profesión y por eso mismo la materia que enseño, porque la Constitución encierra nuestro modo de ser y lo garantiza.
Pertenezco a la generación que aprendió casi a golpes que no importa el color de quien se tiene al lado sino el respeto por todos y cada uno de los integrantes de nuestro pueblo. Basado en un férreo convencimiento igualitario y de justicia. Sin adjetivar, porque lo desmerece tanto a la igualdad como a la justicia.
Siempre estuve en la militancia política en el querido Partido Nacional. Y tuve el honor de integrar el gobierno del Dr. Lacalle como Director de Radiodifusión Nacional.
He acompañado al Dr. Lacalle en dos campañas electorales y en una al Dr. Larrañaga y tengo el pleno convencimiento que ambos son dos seres humanos excepcionales, dignos representantes del Partido Nacional y del Uruguay. A ellos debemos sumar nuestros esfuerzos.
Siento el ineludible deber de salir a trabajar activamente en la política electoral en el convencimiento que tengo mucho para aportar a mi país. Sin iluminismos ni nepotismos, pero con la fuerza interior que da el tener pleno convencimiento del camino a seguir que es la búsqueda de la concreción de aquel sueño: Por un Uruguay Democrático sin Exclusiones.
Mucha gente me pregunta cuál es mi programa de gobierno. A ello cabe una sola respuesta: sería un acto de irresponsabilidad formular hoy, a cuatro años de las elecciones un programa de gobierno cuando no tenemos la mínima certeza de la situación en la cual encontraremos al país en ese momento. Tenemos el mejor y más importante programa de gobierno en nuestra propia Constitución y lo olvidamos o directamente lo desconocemos.
Por todo ello me permito invitar a todos los uruguayos, sin distinciones de ningún tipo, a integrar este movimiento democrático.